Aspectos Psicológicos de la crisis económica: algunas propuestas

homer-ante-la-crisis-economicaLlevo un tiempo queriendo escribir sobre la crisis. Ya escribí un post sobre la Depresión la ansiedad y la crisis económica en mi blog de Ayuda Psicológica. Llevamos ya casi dos años leyendo y hablando de ella. Se ha puesto mucha inteligencia individual y colectiva para explicarla. La más popular la de Leopoldo Abadía, la que denómino la crisis Ninja.

Tras ello, muy pocos se han atrevido a poner sobre la mesa una hoja de ruta. Ya queda para la historia aquella frase que twittee recientemente de Jonh K.Galbraith en la que afirmaba que “los economistas habían prestigiado la astrología” . Mucha explicación con mejor o peor acierto, otra legión de pronósticos del desastre al que nos encaminabamos. Lo que nadie es capaz es de establecer hoy por hoy una hoja de ruta que ponga a los países en la senda de la recuperación. Es muy grave llegar en España ya a los 4 millones de parados y en algunas comunidades del sur de España (donde el paro llega al doble que en el norte), también es preocupante estar ya en el 25% de la población. Las previsiones (informe FUNCAS) son aún peores. Además en España se genera el doble del paro que en la unión Europea. Hoy, sin embargo, todo el mundo está como aturdido: banqueros, políticos, reguladores, inversores y estudiosos no saben como dar con la clave de la recuperación. El G-20 intenta transmitir que los gobiernos están trabajando para coordinarse y garantizar que no se produce el colapso del que nos libramos hace unos meses (ahora hemos conocido tan trascendente hecho). Comenzamos a hablar de las similitudes con la Gran Depresión.

En España la llamada “crisis del ladrillo” lo que reflejaba es que todo el mundo que podía depositaba sus ahorros en viviendas con la “certeza” de que siempre aumentarían y en algunos casos de forma exponencial. Y cuando se detuvieron los precios en aumento, casi todos estaban atrapados en el lado equivocado, incluidos los bancos y cajas. Hasta aquí todo se sabe ya.

¿Que hacer ahora? Anda la derecha diciendo que “Aznar tiene la receta”; que “la izquierda no sabe salir de la crisis”. Algo que los hechos se han encargado de direccionar en el sentido opuesto. En estos momentos no sabemos cuando saldremos de esta llamada “crisis sistémica”. Lo que si sabemos es que las recetas que se han estado utilizando son tan viejas como Keynes. Más inversión pública, más deficit para financiar las inyección bestial al sistema financiero. ¿Pero eso es suficiente? Ahora Brawn ha dicho que van a subir los impuestos a los más ricos para que financien las medidas para la recuperación. La izquierda si que tiene recetas y las está poniendo en marcha. Hasta gobiernos de derechas ponen recetas de la izquierda.crisis_peq

Lo que sí es más que evidente es que comenzamos a utilizar en esta crisis términos psicologicos que intentan dar sentido a la profundidad de la misma y a las posibilidades de recuperación.

Todo ello más allá de que haya razones claras que explicarían la evolución que estamos teniendo (la evolución cíclica de la economía, de que el dinero hay que pagarlo y de que los cambios tecnologicos y la globalización pueden multiplicar o dificultar la salida….)

El término confianza expresa bien a las claras cual es la visión que tiene el mundo sobre las finanzas y los operadores de las mismas. Nadie es capaz de apostar porque no haya inquietud sobre lo que que pueda pasar en el futuro. Se ha roto la confianza en el mercado. Como dice la RAE “es la esperanza firme o seguridad que se tiene en que una persona va a actuar o una cosa va a funcionar como se desea”. Las personas no podríamos vivir en armonía si faltara la confianza, es decir, la seguridad firme que se tiene de una persona, por la relación de amistad o la labor que desempeña. Igual pasa con la confianza en un sistema que está gobernada por hombres o mujeres.
Tenemos seguridad en una persona porque sabemos que en sus palabras no existe el doble sentido o el rebuscamiento; jamás hace un juicio a la ligera sobre las actitudes de los demás; trabaja con intensidad, procurando terminar la tarea encomendada cuidando hasta el más mínimo detalle; llegará puntual si así se ha acordado o guardará el secreto que le hemos confiado.
En el ámbito de un sistema u organización la confianza se rompe cuando se constata que hay una apariencia de seguridad de la organización, pero se demuestra su fragilidad. Es fácil perder la confianza en alguien cuando no actúa con justicia, algún comerciante, profesional o prestador de servicios que abusa de nuestra falta de conocimiento o buena voluntad, y pide a cambio una cantidad de dinero que no corresponde a lo convenido. Hemos perdido, entonces, la confianza en nuestro mercado más próximo. Las reglas funcionan igual en Wall Street o en Lehman Brothers, que en nuestro entorno más cercano, en nuestro supermercado, en la ferretería del barrio….

La ausencia de confianza ha aumentando nuestra vulnerabilidad, y además nos ha demostrado que no está bajo en control de nadie, ya que sobre el mercado nadie tiene el control total, nisiquiera parcial. La acción concertada de los gobiernos (el G-20, por ejemplo), y las declaraciones de que “estamos con una luz al final del tunel” intentan generar la sensación de confianza; algo muy importante para tranquilizar a la población que ha perdido dinero, que ha perdido el empleo o que teme perder las dos cosas, pero que en realidad no se sabe, ni se tiene la seguridad de que vaya a mejorar la situación, más que porque otra hipótesis seria catastrófica. La confianza tiene que ver con la predictibilidad y la controlabilidad. Y ninguna de estas dos variables están presentes en el mundo globalizado y en el mercado. Pero es verdad que los gobernantes tienen la obligación de generar alguna esperanza, quizás de reducir incertidumbre, y esto transcurre por una línea muy delgada que la separa de las falsas promesas.

La mentira es una forma de eludir la realidad y por tanto la responsabilidad que tendría el afrontar la verdad de alguna cosa. Tampoco tiene lugar en cualquier tipo de relación, pues confunde la verdad, destruye los sentimientos, provocando una ruptura que pocas veces, o nunca, se puede restablecer esa relación. Por eso está en juego la credibilidad de los agentes económicos que están gestionando la crisis, la mentira -o lo que sea interpretado como tal- por la ciudadanía automáticamente minará la relación de confianza elector-elegido y lo hará de una manera emocional, abrupta, con ruptura de esa afinidad en el voto. Asi es que deberían andarse con cuidado, mucho más los que gobiernan. Si no se dice la verdad de lo que pasa, por doloroso que sea, se corre el riesgo de caer en una desafección importante. Las medidas de protección que se han activado y las que hayan de activarse aunque económicamente generen debate sobre su utilidad y necesiten hacerse lo más ligadas a la proactividad económica posible son absolutamente imprecindibles para evitar que la situación se deteriore.

Una baja confianza agrava también la situación de la crisis, ya que está ampliamente demostrado que un nivel de confianza bajo de la economía genera automaticamente un descenso de la inversión y una contracción de los capitales. Algo que está ocurriendo a diario con las entidades financieras, que han perdido la confianza entre ellas mismas, no porque conozcan exactamente el valor que tiene la entidad que es su competencia o la prestataria, sino justamente porque desconocen y desconfían del riesgo que puedan estar asumiendo. La confianza en la economía entre los empresarios está bajando y por tanto la inversión también se está contrayendo.

Restablecer la confianza en el sistema pasa también por restablecer la confianza en uno mismo, algo muy relacionado con la autoestima. Podemos confundir la “confianza en uno mismo” convirtiéndola en presunción, como una forma de hacernos notar mediante una actitud poco respetuosa a las personas, lugares y circunstancias, negando a los demás o tratando de aprovecharnos de alguna circunstancia concreta.

Todo ello está relacionado con el nivel de riesgo que se tenga, en relación con la predictibilidad y la controlabilidad. Y en la sociedad actual el riesgo está a medio camino entre la absoluta y total predictibilidad (que conlleva a una ausencia de cambio incompatible con el mundo actual en contínua transformación empujado por las TICs) y la absoluta y total impredictibilidad (sinónimo del caos total , similar al que estuvimos a punto de vivir si se produce el colapso financiero al que algunos gobernantes como Obama se refirieron en Marzo pasado). “Damos por hecho” muchas de las cosas que esta crisis dejarán de “dar por hecho” y por tanto el aumento de la complejidad de las circunstancias económicas y sociales dificultará este hecho. Es como si tuvieramos que dejar de dar por hecho que la Ley de la Gravedad existirá con los mismos parámetros, o como si tuvieramos que dejar de dar por hecho que nuestros amigos se comportarán de igual forma apoyando nuestras decisiones en todo momento. Se comienzan a dar, en esta situación dos situaciones en paralelo: las palabras de los que gestionan la crisis (aparentemente), que están llenas de buenas intenciones para generar buenas noticias y generar confianza, y los hechos que se van reproduciendo que pueden minar las mismas o pueden confirmarlas. Los datos de paro, de cierres de empresas, de caídas de Bancos y/o Cajas, los testimonios de familias que lo están pasando mal…minan esa confianza de manera muy intensa, ya que tienen un poder mucho más fuerte que las noticias positivas, ya que tienen un componente emocional (el miedo a la incertidumbre) que motiva mucho más -y por tanto moviliza mucho más contra el sistema- que las noticias positivas.

No obstante la confianza Institucional en la que la mayoría de los países democráticos están instalados, la democracia participativa hace que haya una serie de seguridades que reducen la impredictibilidad y el riesgo. Las normas, las leyes y la regulación actúan como colchón de impacto de la impredictibilidad en el ser humano.

La generación de la sobreabundancia o la G “Y”

En cambio, las generaciones más jóvenes, especialmente los que han sido educados en esta época anterior a la crisis, la llamada “la generación de la sobreabundancia” , o la generación “Y”, – como la ha llamado Enrique Dans- está teniendo que afrontar una situación cuyo pilar básico de funcionamiento va a ser la incertidumbre, la inestabilidad y la desconfianza. Educados y formados en las TICs desde que nacen se encuentran ahora que la disponibilidad de recursos no es la misma y teniendo una excelente formación, las oportunidades se les estrechan. Para ellos será muy importante que se unan los mensajes que les llegan de los que tienen responsabilidades en la sociedad y lo que suceda en realidad. Si van por caminos distintos los mensajes y la realidad se habrán roto muchos puentes intergeneracionales que serán dificiles de recuperar.

Por tanto se torna fundamental seguir varias líneas para aumentar la confianza, para restablecer al menos un mínimo de predictibilidad y control sobre la situación, lo que no garantizaría que el sistema funcionara con los mismos parámetros, pero que al menos pusiera los cimientos de lo que puede ser la refundación de la confianza en un nuevo sistema económico y social al que parece que nos encaminamos.

A modo de simplificación recojo algunas conclusiones con el ánimo también de que los lectores apunten alguna más, tras sus reflexiones y podamos compartirlas:

  1. Decir la verdad por cruda que sea. Informar con rigor de la situación que se vive, en el entorno más próimo y en el más lejano. Aportar datos , con la mayor transparencia, y poner todos los recursos que sean necesario para hacer transparente la situación que hoy tiene bastante opacidad y ello reduce la confianza y aumenta la impredictibilidad. En los medios de comunicación son muchos ( y entre ellos Enric González) los que piensan que en este tiempo“sobran opiniones y faltan informaciones”. Y no sólo son necesarios los datos de la realidad, sino también afrontar con absoluta transparencia los datos de las medidas que se ponen en marcha y la evaluación de su impacto como ha hecho Obama con las medidas anticrisis de inversión pública.

  2. Afrontar las consecuencias de la verdad y de la información que disponemos. Una vez que hemos asimilado la situación que vivimos y que todos coincidimos en su diagnostico afrontar las soluciones, compartiendo el diagnostico y las mismas.

  3. Pactar las posibles salidas. Este elemento se torna también esencial. Eso significa saber escuchar, ponerse en el lugar del otro, dialogar y finalmente acordar la actuación que se vaya a realiza. Un Pacto a todos los niveles: desde el ámbito familiar, de pareja, con las pautas económicas que desarrollaremos en esta situación, y las posibles variaciones que puedan ir produciéndose, hasta el nivel más cercano, como podremos apoyarnos entre los distintos miembros de la familia si se produce (si es que ya no lo ha hecho) una situación de dificultad económica. Este nivel de apoyo familiar es el primero y el que reduce incertidumbres y genera alguna seguridad. Además es necesario también que se favorezca el pacto en el ámbito laboral, en la empresa, en la organización que pertenecemos, que seamos participes de las dificultades y de las posibles alternativas existentes y que las apliquemos a todos los niveles. La solidaridad de las empresas e instituciones públicas también debería funcionar a este nivel. Desde lo local, lo Autonómico y lo Central, con los agentes sociales. Y todo esto debería realizarse en un contexto cultural de Pacto Social, de un nuevo pacto social que no sólo sirva para esta crisis, sino que sirva para afrontar de forma cíclica las siguientes, que tendrán también una rapidez e intensidad alta y que requerirán cada vez de una mayor complejidad para su cambio de tendencia. Un Pacto Social que implique a todos los agentes con el compromiso de adopción de unas reglas que reduzcan la incertidumbre y que generen confianza en si mismas. Quizás no pueda ser más de lo mismo. La situación parece que se debería huir de aquella máxima de que “que todo cambie para que nada se modifique” que ha parecido imperar en estos tiempos.

  4. Fomentar el desarrollo de la participación y las redes sociales: Fomentar nuestras relaciones en grupos de interés, en Asociaciones de personas con las que tengamos cosas en común, generar redes sociales en nuestro entorno más próximo o a través de las redes sociales que nos ofrece internet también es muy necesario como una estrategia de creación de seguridad y de reducción de las incertidumbres. La segregación, la división entre las personas favorece la inseguridad y la desconfianza porque las relaciones van haciéndose más impredictibles. Aunque esto aumenta la complejidad de las relaciones genera, a largo plazo, más confianza.

  5. Ligar la transparencia a la equidad y la confianza. Esta ligazón se torna fundamental en esta época. El fenómeno de la corrupción (saltarse las normas en beneficio propio) es también un riesgo en ésta época, y la aparición de grupos de intereses ligados a ella. La desconfianza en el sistema y en las soluciones también esta relacionado con ella. Los casos de corrupción aparecidos en España consiguen también minar esa confianza a la población y su desafección y la credibilidad de que el sistema puede responder. La respuesta rápida y fulminante de los mecanismos del Estado son muy necesarios ante ella.

  6. Mejorar nuestra autoestima: Es necesario recordar todas las veces que hemos tenido graves dificultades y hemos conseguido salir de ellas. ¿Cuantas veces nos hemos visto en situaciones difíciles y hemos conseguido superarlas? Hacer un recorrido por nuestra história y ver cómo hemos sido capaces de salir en situaciones difíciles también ayuda en esta situación. Los medios de comunicación tienen también aquí un papel pedagógico importante.

En conclusión estos son algunos apuntes para intentar arrojar un poco de luz en las circunstancias psicológicas que influyen en la crisis económica y social que vivimos. La economía mira cada vez más los componentes humanos de la salida de la crisis, que son cada vez más tenidos en cuenta y han de serlo a nivel individual y colectivo.

Cuenta tu experiencia y tu punto de vista al respecto. Hazme llegar tu comentario.

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Una respuesta a “Aspectos Psicológicos de la crisis económica: algunas propuestas

  1. Trini Morillas

    Difícil escribir un comentario que esté a la altura del post publicado por Juan Francisco Delgado, pero ante la crisis y ante la vida misma pienso que hay que tomar iniciativas, a pesar de que no siempre salgan bien. Así que venga.
    En toda esta cuestión de la crisis global, hace tiempo que me ronda la idea que a pesar que todo haya sido provocado por un cúmulo de coyunturas globales, burbujas cualesquiera que sean, paraísos fiscales y por supuesto las hipotecas basura; existen una serie de elementos, de factores que escapan a nuestro entendimiento más lineal .Me refiero a la existencia de una Lobbycracia, que ha gestionado y gestiona el poder en las grandes potencias.. Quizá esta crisis no haya sido gestada en este escenario, quizá si lo haya sido, pero sus consecuencias hayan podido sufrir un error de cálculo…..quién sabe. Lo que si que es indudable es que mientras a estos lobbys la crisis les sea rentable, nos tocará poner en práctica mecanismos que nos permitan salir de ella de la mejor manera posible.
    Según este planteamiento, en mi opinión, la única salida a largo plazo que disminuiría esa dependencia vital, sería invertir en educación, en innovación, en una tecnología propia y exportable que nos lanzara a la cabeza, no de los países más ricos, porque entonces seríamos exportadores de Lobbys, pero sí más y mejor dotados de personas cualificadas, de infraestructuras técnicas y logísticas……de una ciencia propia..Ese es el futuro, y el visionario o visionarios que sean capaces de reconocerlo, dotarlo, apoyarlo, etc…. ..será un auténtico líder.
    En el tiempo de los grandes conquistadores, el bien más preciado, el más buscado y deseado era el oro indígena. Hoy por hoy el oro es una materia prima, cuya explotación no poseemos. Pero tenemos otro tipo de materia prima, y en gran cantidad. Jóvenes con capacidad para diseñar un nuevo modelo, con capacidad para crear un nuevo futuro, con capacidad para generar ilusión y confianza.¿Por qué no potenciarlo?,¿por qué dejar escapar a aquellos que nos pueden ser útiles?.
    Para ello hay que ser valientes, y reformar el sistema educativo desde la base, con rigor, pero sobre todo teniendo presente qué “producto” deseamos obtener y qué valores queremos potenciar. No nos podemos permitir una enésima reforma de la educación promovida por intereses políticos, cualesquiera que sean. Se necesitan resultados, a largo plazo….pero resultados.
    Para mi, la generación “Y” es consecuencia de un fracaso del sistema, de una mentira global de la que todos hemos sido cómplices.¿De qué sirve una juventud formada impecablemente cuando no se conoce el valor de lo recibido?, ¿cuándo no se tiene ilusión? ¿cuándo antes o después la ilusión, si es que se posee, se ve absorbida por el sistema?.
    En resumen, mi idea es la de que para poder salir de esta crisis económica, -(porque también hay una muy grave de valores)-,lo más acertado en invertir en educación y formación enfocada a obtener un grado de independencia tecnológica sostenible.
    Espero que mi aportación sea positiva.
    Un abrazo.

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